Viajar a Elinkine para, cruzando el río Casamance -uno de los tres más grandes de Senegal-, llegar a Karabane, es cerrar la ruta cicloturista recibiendo un premio tan inesperado, como merecido, después de los alrededor de mil kilómetros recorridos. Palmeras y atardeceres, aves tropicales y, siempre, siempre, gentes sonrientes que veneran tanto el reggae como el mbolox. Gentes que tienen, como objetivo principal, cuando te encuentran en la oscuridad de esta noche compacta como el alquitrán, ayudarte a encontrar el camino al hogar una y otra vez.
Karabane: barcas de pescadores y cangrejos. Niños que juegan y tus pies, en la arena, descansando, por fin, de los pedales.
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| Martin. Un ser muy especial. Inteligente, cariñosa... Y excelente fotógrafa! |
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| Martin vive con Gloria y con Julien, su padre, en una cabaña con dos perros, un gato, gallinas... |
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| Gloria, una artesana valenciana afincada en Karabane, realiza aquí sus collares, pendientes, bolsos... con telas africanas que luego vende tanto aquí como en algunas ciudades españolas |
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| Si venís a Karabane, no dejéis de alojaros aquí, las habitaciones son magníficas y el trato muy cercano y atento. |
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| Parafraseando la escena de la película de Doors: "No te comerías este corderito (aquí: cabritilla) ¿verdad?" (No añadiré lo que, por lo visto, contestó Morrison que haría con el animalillo...) |
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| Un cangrejo haciendo el baile de Pulp Fiction |
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| Mis queridas cabras. Compañeras durante todo el mes que no cesaban de provocarme para que las hiciese fotos. Las he visto subirse por los sitios más inverosímiles, jugar, rascarse con el asfalto... Las he oído llamarse asustadas, contentas, toser... |
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| Restos de una embarcación que, oxidada, muestra los últimos dientes que le quedan aún antes de ser disuelta por el salado océano de tiempo y sol |
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| El fin del Ramadán ha llegado. Los niños se engalanan y piden donativos para la fiesta que se va a celebrar esta noche. |
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