Llevo ya algunos días en España. Tras un vuelo nocturno, directo, desde Dakar a Madrid, llevo varios días descansando, limpiando y organizando el resto de mis vacaciones. Llega el momento de cerrar el blog y de abrir el período de reflexión sobre lo vivido. Un amplio documento word, que recogerá tanto lo escrito en el blog como desarrollará las ideas anotadas en mi cuadernillo e impresiones guardadas en mi corazón y cabezón, precederán al audiovisual que montaré con fotos y música para mostrar en Pedalibre, la asociación a la que pertenezco. El viaje cicloturista titiritero finalizó. Ya es historia, mi historia y la de aquellos que la vivieron junto a mí, tanto en Senegal como a través de las distancias cibernéticas.
Como cicloturista, me siento muy satisfecho, como titiritero, frustrado pero agradecido y con varias ideas por desarrollar en próximos viajes, pues pienso que ésta ha sido la primera -espero- de las muchas experiencias ciclotitiriteras que quisiera tener en el futuro, una suerte de introducción que me habla de muñecos, niños y, sobre todo, de mí.
La lengua francesa, por la que siento un profundo rechazo desde mi niñez, no me ha ayudado a superar la barrera no sólo idiomática sino anímica con la que partí a la aventura. Este Waltítere, azotado por corrientes oscuras, cuyos hilos están enredados en las varillas de madera, parece ser que no ha podido encontrar el camino a Ítaca y que le toca seguir navegando por océanos ahítos de cantos de sirena, hechiceras y Polifemos lanzarocas que habrá que sortear -o no- algún tiempo más.
¿Senegal en bici? Sí, y requetesí. Os animo a visitarlo, a disfrutarlo, como lo hice yo, sabiendo, claro, que África es dura para nosotros los europeos, un espacio de numerosos obstáculos e incomodidades que han de ser superados, aceptados, para disfrutar de esas maravillosas gentes e impactantes paisajes. Más allá de los mosquitos, del calor, del polvo rojo que se pega hasta en el más recóndito de los objetos de tu equipaje, existe mucho que gozar allí. Pero hay que estar preparado para ello. Por mi parte, tras Tanzania, Marruecos y, ahora, Senegal, descansaré de África un tiempo para reponerme y volver a ella más adelante.
África, ese inmenso continente mágico azotado por las enfermedades, la globalización y las consecuencias de una postcolonización que no le permite caminar ni bailar -ni permitirá, me temo, durante mucho tiempo- al son de su propio ritmo...
África, esas personas a las que creo que hay que ayudar del modo en el que cada cual estime oportuno.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios a lo largo del mes. Estando allá uno se siente más cerca de acá, de los suyos, menos solo, al saberse leído.
God save the bycicle!
God save the love!
Como cicloturista, me siento muy satisfecho, como titiritero, frustrado pero agradecido y con varias ideas por desarrollar en próximos viajes, pues pienso que ésta ha sido la primera -espero- de las muchas experiencias ciclotitiriteras que quisiera tener en el futuro, una suerte de introducción que me habla de muñecos, niños y, sobre todo, de mí.
La lengua francesa, por la que siento un profundo rechazo desde mi niñez, no me ha ayudado a superar la barrera no sólo idiomática sino anímica con la que partí a la aventura. Este Waltítere, azotado por corrientes oscuras, cuyos hilos están enredados en las varillas de madera, parece ser que no ha podido encontrar el camino a Ítaca y que le toca seguir navegando por océanos ahítos de cantos de sirena, hechiceras y Polifemos lanzarocas que habrá que sortear -o no- algún tiempo más.
¿Senegal en bici? Sí, y requetesí. Os animo a visitarlo, a disfrutarlo, como lo hice yo, sabiendo, claro, que África es dura para nosotros los europeos, un espacio de numerosos obstáculos e incomodidades que han de ser superados, aceptados, para disfrutar de esas maravillosas gentes e impactantes paisajes. Más allá de los mosquitos, del calor, del polvo rojo que se pega hasta en el más recóndito de los objetos de tu equipaje, existe mucho que gozar allí. Pero hay que estar preparado para ello. Por mi parte, tras Tanzania, Marruecos y, ahora, Senegal, descansaré de África un tiempo para reponerme y volver a ella más adelante.
África, ese inmenso continente mágico azotado por las enfermedades, la globalización y las consecuencias de una postcolonización que no le permite caminar ni bailar -ni permitirá, me temo, durante mucho tiempo- al son de su propio ritmo...
África, esas personas a las que creo que hay que ayudar del modo en el que cada cual estime oportuno.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios a lo largo del mes. Estando allá uno se siente más cerca de acá, de los suyos, menos solo, al saberse leído.
God save the bycicle!
God save the love!
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