sábado, 5 de julio de 2014

I talk reality

Me dice el menda, mientras intenta tangarme y que pague 5.000 CFA (francos africanos) por una tarjeta orange para el móvil por la que, al día siguiente, pagaré 1.000... Menos mal que, al no ver impreso en la misma el precio, me enroco en que no y que no. Él, ofendido, insiste en que talk reality, que dice la verdad, vamos, o al menos eso creo que significa esa expresión que nunca antes había escuchado. Y puede que tenga razón, que me muestre la realidad tal y como es: a todo extranjero incauto que llegue al aeropuerto de Dakar, se le intentará cobrar el cuádruple -o alásabecuántasvecesmás- por cada servicio que contrate u objeto que compre. Tal ha sido el caso del taxi. Una vez había dicho (aconsejado por Carol) al taxista que me abordó al salir del aeropuerto que no iba a darle más de 2.000 CFA, y él haberme dicho que sí, que sí, que traigas aquí tu bici y ya verás qué bien, y cuando todo mi equipaje había sido ya metido, con suma presteza, en el vehículo nissan negroamarillo, han venido -ante mi insistencia de repetir una y otra vez el precio que iba a pagar-, las caras largas y las malas leches porque no quiero soltar los 12.000 cefas que ahora, abracadabra, y por adelantado, me piden. ¿Serán salvajes? Nada menos que seis veces lo que se supone que vale... Trasiego de bultos que salen del coche y que apenas tocan el suelo para volver a meterse en otro taxi a cuyo conductor, de nuevo, le cuento la misma monserga: que no voy a pagar más de 2.000. Habiendo establecido lo que yo consideraba un acuerdo, nos llegamos a la casa de Guillaume, el amigo de Carol, el cual viene a buscarnos al lugar pactado justo cuando ya hemos iniciado las hostilidades:  que le pague 7.000, me dice el tipejo. Y yo errequerre, y él dalequedale. Como ya está Guillaume, le dejo a él, que habla su misma lengua y gasta idéntica cultura -o casi, dado que en realidad es francés de origen senegalés-, que siga lidiando para hacerle bajar del burro. Pero mi sorpresa viene cuando mi aliado en la encarnizada lucha me dice que le pague 5.000 cefas (alrededor de 7 euros). Cansado del viaje, y deseando subir todos mis bultos a una casita que desconozco pero que me dará cobijo durante los próximos días, me pliego al destino y acoquino lo sugerido...
Luego, una vez subido todo a un tercero sin ascensor por una estrechísima escalera, viene que, como es muy habitual, han cortado el agua. Me siento pegajoso, sudado, el ambiente es muy húmedo y parece que en breve van a comenzar las lluvias torrenciales. Welcome to Senegal, me dice, con sorna, Guillaume, mientras se prepara para irse con sus amigos -es viernes noche-. Yo decido quedarme y empezar a disfrutar de esta guarida que tan maravillosamente me va a venir para planificar el viaje, montar la bici, dejar aquí la caja hasta mi regreso y, por qué no, descansar en la playa antes de titiripedalear...
Siempre me gusta tomar una foto del aeropuerto al que llego. Esta vez, la calidad deja mucho que desear pero... C´est la vie!

Pasando el control de pasaporte

Así llegó mi querida Walkyria a Senegal

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