!No, a estribor ! !Me atacan, me atacan ! !Meidei,
meidei ! El publico se rie mientras el
molesto y mordiscon insecto se adhiere, como una lapa, tan pronto a mi munieca
como a mi tobillo o chichatiernajuntoalcodo. Las bofetadas que, en balde, me
doy a mi mismo para matarle no hacen sino corroborar, una vez mas, mi teoria:
los insectos chupasangres precisan que ablandes tus propias carnes para que
puedan introducir mejor el aguijon. Asi de perversos, inteligentes y practicos
son. Una miriada de ojillos diminutos observan con orgullo la escena. Sentados
en sus butacas, restriegan de placer sus cuerpos queratinosos propiciandoles un
brillo inintencionado. Con extremada tension – y atencion a la pista de tierra
roja inundada por las lluvias de ayer- voy soltando el manillar con la mano
pertinente para seguir arreando zurriagazos inutiles. Zas, zas, plof, plaf:
Todo es en vano, no le cazo, y ya me ha causado un potente hinchazon en uno de
los antebrazos. Voy a 16 por hora y el muy malvado sigue aquí, alojado en algun
lugar de mi propia bicicleta, saltando cual Tom Cruise Tabanero a mi cuerpo,
mientras la B.S.O. de su Mision Muy Molestosamente Posible resuena entre
manotazo, insulto y rabieta humanos. Al final me la voy a pegar, concluyo, y
decido pararme. La audiencia encoge sus patitas en las butacas. Nadie coge un
solo frito de hierba. Pies en tierra, espero; cargado de odio y supremacía intelectual.
Saldras, susurro, No podras evitarlo.
Los botes de zumo de flor salvaje son sorbidos con pasion. Miles de ojos y
millones de patas se paralizan. Sucumbiendo a la orden de una mente superior,
el bichejo se posa en mi antebrazo izquierdo. El publico tabanero contiene el
aliento. Un exaltado grita exhortandole para que salga cuanto antes de alli.
Una mano de varias toneladas, a una velocidad supersonica, aplasta para
siempre su ansia y abuso de sangre ajena. Gran exclamacion. El cuerpo cae al
suelo practicamente sin vida, donde la rueda delantera de la bicicleta le
convierte en sello de correos. La musica cesa. El heroe queda tendido junto a
un charco. El humano sigue su camino, satisfecho y tranquilo… El publico,
silencioso y decepcionado, vuelve a sus ramas y piedras.
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