sábado, 19 de julio de 2014

Si no sigues las reglas, te echo de la carretera

Y yo, imbuido de ese toque samurai ~heredado de mis tiempos de artista marcial~ me dije que bebiendo mucha agua (cinco litros ya), protegiendome con el gorro y reponiendo crema solar cada hora (en lugar de cada dos), no tenia por que haber ningun problema. Pero me equivoque... Todo el dia pedaleando bajo el sol es algo que mi cuerpo no pudo soportar y, tras haber comido, de dos a tres, volvi al asfalto. Una hora despues senti ganas de vomitar y me lance a guarecerme a la sombra de un arbolillo. Devore mi segundo mango del dia, empapandome de su jugo, su agua, su dulzor, sus vitaminas y con todas sus sales minerales chorreandome por las manos sucias. Con la cabeza como un bombo, me tumbe a dejar pasar las horas. Junto a mi, sobre mi, dentro de mi(s) orejas y nariz, incrustrandose en mis lagrimales, 12.345 moscas, de todos tamanios y temperamentos, me hicieron compania hasta que se me paso la insolacion. No se si hubiese sido mejor acabar de pillarla...

Da igual si es sol extremenio o africano, no perdona. Lo malo es que aqui no tengo un maravilloso Guadiana en el que ahogar y refrescar mis penas y alegrias constantemente. El que me espera, algunos kilometros mas adelante, es el rio Gambia, pero tiene hipopotamos, cocodrilos y no se que otras lindezas mas, asi que seguire quedandome con las ganas de baniarme algunos dias mas...
Bajo el sol de nuevo, volvieron las fantasias que me habian atacado durante las horas de mayor calor. Viajar con un botijo. Si, un botijo anisado. Un botijo, por que no, lleno de horchata, o de batido de chocolate fresquito. Pero un botijo marca ACME, claro esta, de esos que das un botoncito y se pliega y pliega sobre si mismo hasta quedar del tamanio de un boton. Tambien acudio la idea de raparme, urgentemente, al cero. Me imaginaba en Tambacounda, donde aquel chaval, desde su peluqueria, me hizo el tipico gesto de llamada y le negue con la cabeza. Que error. Con lo agustito que hubiese estado yo ahora rapado como un melon. 22 kilometros hasta Niokolo Koba, susurraba. 22. Los dos patitos. Un estanque, claro, fresco, donde nadar y nadar...


A las cinco, cuando ya pensaba que esos 22 kilometros eran apenas un tramite, resulto que Niokolo Koba, esa localidad diminuta que, segun el mapa, contaba con un camping, llego y marcho de manera tan discreta que yo ni siquiera me entere de ello. Mas tarde supe que si no la encontre fue porque, efectivamente, no existia mas que como puesto de control militar, que yo pase sin parar y sin que nadie me diese el alto...
A las ocho, la noche caida de nuevo sobre mis espaldas, sobre mis piernas de 110 km pedaleados, la gran luna blanca, llena, emergia sobre las copas del mayor parque nacional de Senegal y yo no tenia ni una gota de agua en mi equipaje. Por segunda vez en el dia, me encontraba sediento y sin posibilidad de comprar agua... Llevaba ya tres horas sin beber, y con la boca tan seca que ni siquiera tenia saliva que tragar, recorde las palabras de Marylin en "Bus stop": "Tengo la boca tan seca que escupo algodon". Me descubri pardillo ante una situacion que, aparentemente, a estas alturas de mis experiencias cicloturistas, deberia tener ya muy aprendida, pero es que !es tan complicado adaptarse a nuevos ritmos y espacios...! A lo largo de los dias anteriores, hasta Missira, en cada lugar, cada par de kilometros, podia encontar pequenios establecimientos con botellas de agua ~por eso la iba comprando, fresquita, a medida que se me gastaba~. Y de repente, en este tramo de practicamente 100 km, nada, la ultima opcion, donde compre 3 litros, resulto ser, sin yo saberlo, el ultimo oasis, alli tendria que haber comprado por lo menos el doble de agua.
Mi primer chakra se activo y entre en modo supervivencia. Pare a varios vehiculos, tanto para solicitar bebida como informacion. Dado que el ser humano es, por naturaleza, bueno, digase lo que se diga, el copiloto de uno de los coches me dio sus dos minibolsitas de agua y el conductor de un megacamion, al pararle yo con el frontal, acepto llevarme a Mako, donde habia apalabrado ya la estancia en el campamento de una ONG espaniola.

Durante 40 kilometros, en los que conductor y copiloto no se dirigieron la palabra, semitumbado, con cuidado de no poner mis pies en la caja de cambios o lugar similar, me preguntaba si, al llegar a Mako no habria volado mi bici o alguna de las alforjas que viajaban sobre la mercancia que el camion remolcaba. Adormecido, escuchaba a ese locutor radiofonico que, en frances, me parece comentaba un partido de futbol entre Holanda y no se quien mas.

Esa pobre cosita brillante que se ve ahi arriba es mi Walkyria...
Una vez en Mako, sin que hubiese habido ninguna perdida y acompaniado por un chico en moto al campamento, suspire y solte tension mientras me ponia bajo la rustica pero hipergozosa ducha de la bonita cabania. Me decia que, sin quererlo ni ser consciente de ello, no me estaba cuidando a mi mismo. Me he descubierto cubriendo etapas muy largas, yendo a un ritmo muy similar al que hacemos cuando viajo en grupo, debido tanto a una costumbre adquirida de avance continuo como al hecho de tener que llegar a localidades donde asegurarme un alojamiento, pues no puedo echarme a dormir en cualquier lugar, como hago en Europa.Adaptarse, aprender, ser paciente... No aniadir a los mosquitos, el calor, el polvo, la falta de agua corriente y luz electrica, asi como a la incomunicacion que procede por no saber frances mas elementos molestos que dificulten el viaje. "Cuidado, senior conductor", me dije "tenga usted precaucion". Me fui a dormir. Estaba en una cabania, encajada en la selva, junto al rio Gambia, con una magnifica mosquitera sobre mi cabeza...

5 comentarios:

  1. Oh, mein got! Sehr compliziert. Cuidado, Walterlein!

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  2. Ahhhh¡¡¡
    Ten cuidado ,que, aunque rodeado de gente ,estas tu solito.
    Muac

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  3. O menguando, porque de la sudorina que me pegue he perdido varios kilos

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