sábado, 5 de julio de 2014

Desde el cielo, lo único que tiene vida son las máquinas

me digo, cuando el avión empieza a despegar de Gran Canaria, donde hemos hecho una parada para que se bajasen casi todos los blanquitos que en él viajaban, antes de continuar el viaje a Dakar. Ahora, de un avión con capacidad para 210 pasajeros, apenas hemos quedado una treintena, de los cuales, como es normal, una minoría somos europeos.
Desde el cielo, cuando íbamos ganando altura, dejando a la derecha un magnífico Atlántico azul y a la derecha decenas de espantosos océanos blancos de invernaderos de plástico, lo único que se movía inquieto, allí abajo, era una miríada de vehículos diminutos: coches, camiones, autocares... Si nos observase un extraterrestre desde esta distancia, reflexionaba, pensaría que esos bichos metálicos de colores son los moradores de este planeta nuestro -tan geométrico él en sus artificiales formas creadas por el  hombre- y quedaría atónito al descubrir, si llegase a descender más, que en su interior hay seres tan blanditos y diversos. Saco algunas fotos con la pésima cámara de mi BlackBerry porque !maldición! después de haber comporado nuevas baterías para mi Canon, y haberla probado en varias ocasiones a lo largo de la ultima semana -sin que fallase, la muy maldita hija de su grandísima electrónica madre- resulta que en pleno aeropuerto, zas!, ha vuelto a desplegar toda su crueldad y ha descargado las dos baterías nuevas en un abrir y cerrar de diafragma, así que me temo que, en cuanto llegue a Dakar, voy a tener que dedicarme a buscar, y comprar, una cámara nueva...

Desde el cielo, la única que (no) tiene vida es mi máquina (de fotos)















 







Viajando solo, me temo que me voy a hinchar a hacer "selfies". Así que, vayamos entrenándonos...


Esto (un sandwich de tomate, pepino y lechuga) es lo que Iberia llama "Menú vegetariano hindú". ¿Ignorancia o tomadura de pelo?

Aleta de tiburón surcando mares de nubes




El sol se va a mimir



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