jueves, 10 de julio de 2014

En la tierra del baobab, tú eres un toubab

como yo, como todos los blanquitos que quisieran aparecer por estas arenas rojas de 30 grados y un cielo aguado que no acaba de lanzarse a descargar la esperada (estacionalmente hablando) lluvia, la cual dará comienzo a la temporada húmeda, en contraste con la seca, dado que Senegal sólo tiene dos estaciones y, por ahora, por suerte para mí, seguimos sin recibir el diluvio.

Salir de Dakar, como suele pasar con las grandes capitales, fue un proceso arduo, pero esta vez me lo tomé con mucha calma y, en tan solo dos horas, ya estaba enfilando, junto a la costa, la dirección de Toubab Dialao, mi primera parada. Por supuesto que, en una ciudad donde no hay carteles que indiquen las direcciones, y donde las calles no tienen tampoco la placa con su nombre, es bastante complicado escapar del Minotauro, y se ve uno de aquí para allá, entrando y saliendo de laberintos y mercados, gentes y miradas curiosas, sorteando baches, vacas, perros, cabras, motos y carros, saludando y siendo saludado hasta la saciedad.
Ya por la noche, alojado en la casa de un rastafari negro como el ébano brillante, musulmán, después de haberle esperado tres horas a que volviera de un servicio que estaba haciendo fuera del pueblo pude, por fin, cenar. Muertecito de sueño y de hambre, experimenté una de las costumbres senegalesas: en lugar de botellón, aquí hacen cucharón. Sentados todos en círculo sobre taburetes, latas vacías de combustible o agua o lo que se precie, se pone en medio el plato gigante (similar a una palangana metálica) y cada cual con su cuchara se dedica a ir comiendo el cereal (mijo, arroz...) sobre el que duerme, en el centro, bien pescado bien carne, que van siendo desmenuzados y repartidos entre los comensales depositándolos en su zona concreta. Un televisor al que habían quitado el volumen, y un megaloro de varios metros cuadrados, con dos pletinas -digno ejemplar del más pureta rapero de los 90- en el que sonaba insistentemente reggae fueron parte del escenario sobre el que se desarrolló uno de mis primeros encuentros sociales. Cuando me fui a la cama, escuchando el suave murmullo de las aguas del atlántico, viendo cómo la brisa oceánica movía las cortinas, iba siendo cada vez más consciente de que el viaje, por fin, había comenzado...

Este monumento está en Les Mamelles, al lado de donde he estado alojado. Obsérvese sobre quién reposa la fuerza, la esperanza de la nación africana...

Esta foto la hice para Blanqui. ¿Sabías que hasta aquí llega el DIA?



En las afueras, lamentablemente, se incineran residuos. La gente, a su vez, recolecta no sé qué mientras el humo nauseabundo nos envuelve.

Mangos everywhere! Qué atracón me estoy dando de este néctar de los dioses...

2 comentarios:

  1. Veo que te has convertido en un manjar suculento para las papilas gustativas internacionales. Por si "acaso", no te metas en zonas con sospechas de canibalismo.

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  2. VEO QUE LO ESTAS PASANDO MUY BIEN ME ALEGRO , ESPERO QUE LAS LLUVIAS NO TE ALCANCEN QUE ESTES DE VUELTA ANTES TE MANDO MUCHOS BESOS DESDE AQUÌ .Ana , la de los secretos , ja,ja,

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