La brisa oceánica fue mi nocturna compañera en una noche sin luna y sin sueño pero con un ejército de aéreos profetas del mal que anunciaban, con sus trompetas del fin del mundo, el precio que, una vez más, habría de pagar.
Yakarta o Badajoz, Lima o Lisboa. Ningún lugar del mundo está demasiado lejos para ellos. Esos seres demoníacos, diminutos, que me buscan en las sombras -y siempre me encuentran- se encargaron de nuevo de sorber mi sangre hasta la saciedad nunca saciada. De nada sirvió la mosquitera que colgaba del techo. Varios agujeros en la tela y una manifiesta incapacidad para hacer de este artilugio protector una eficiente protección me condujeron a ser comido vivo, lentamente, a lo largo de las siete horas que duró el martirio. Griegos cautelosos supieron encontrar el acceso en la muralla, descendieron de su caballo de aire y fuego y tomaron la ciudadela dormida. Para cuando los centinelas quisieron dar la voz de alarma -y hacer que el Relec circulara, cubriera, se extendiera a toda prisa aquí y allá- todo había sido ya perdido.
Incapaz de luchar contra ellos, envuelto en el olor intensamente químico del antinada, cubierto de sudor, no me quedó más remedio, a lo largo de las horas, que ir dándome yo mismo la vuelta, exponiendo mis carnes vírgenes de mordiscos para que la cohorte maldita pudiese degustar nuevas zonas a sus anchas.
Yakarta o Badajoz, Lima o Lisboa. Ningún lugar del mundo está demasiado lejos para ellos. Esos seres demoníacos, diminutos, que me buscan en las sombras -y siempre me encuentran- se encargaron de nuevo de sorber mi sangre hasta la saciedad nunca saciada. De nada sirvió la mosquitera que colgaba del techo. Varios agujeros en la tela y una manifiesta incapacidad para hacer de este artilugio protector una eficiente protección me condujeron a ser comido vivo, lentamente, a lo largo de las siete horas que duró el martirio. Griegos cautelosos supieron encontrar el acceso en la muralla, descendieron de su caballo de aire y fuego y tomaron la ciudadela dormida. Para cuando los centinelas quisieron dar la voz de alarma -y hacer que el Relec circulara, cubriera, se extendiera a toda prisa aquí y allá- todo había sido ya perdido.
Incapaz de luchar contra ellos, envuelto en el olor intensamente químico del antinada, cubierto de sudor, no me quedó más remedio, a lo largo de las horas, que ir dándome yo mismo la vuelta, exponiendo mis carnes vírgenes de mordiscos para que la cohorte maldita pudiese degustar nuevas zonas a sus anchas.
| Y esto es sólo en la rodilla. Hubo incluso un sádico picotazo en la punta de la nariz que hizo que empezase a latirme... |
Ups, te he puesto el comentario en un luigar equivocado. Bueno, repito, te has vuelto una manjar suculento para los gustos internacionales, seguramente verán en ti un weiss würst, como mínimo.
ResponderEliminarEs que estás para comerte jejeje
ResponderEliminarQué maravilla de viaje!!!! Preciosas experiencias!!! Qué pena no haber podido compartir títeres y danzas en Toubab Dialaw!! Tres o cuatro días después de que visitar as Eco le des Sables, hicimos un Carnaval bailado y lleno de música desde la Escuela hasta la playa pasando por Toubab, acabamos bailando en la playa con todos los niños! Fue precioso!
ResponderEliminarMe quedé con muchas ganas de hablar contigo, espero que sigas disfrutando del Viaje!!
Big hug of love and light!!
PRIMO T E ESCRIBI UN MONTON DE COSITAS PERO EL MALDITO INTERNETNO ME LO COJIO ARGGGGG, ME LO COMO EN DEFINITIVA VEO Q ESTAS MUY BIEN Y SIGUES DISFRUTANDO QUE ESDE LO Q SE TRATA, MUCHO BESOS...
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